Les negaron una vivienda social porque su casa no califica ni como rancho

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Una familia de Icaño que hace cuatro años reside entre paredes de plástico negro, solicitó un techo digno en el marco del publicitado programa de viviendas sociales, pero se lo negaron argumentando que el objetivo es erradicar las viviendas rancho, no las “casas de nylon”

Carmen Alvarez, embarazada de tres meses y mamá de un nene de cinco años, sobrevive junto  su familia en la localidad de Icaño, departamento Avellaneda, residiendo hace más de cuatro años en una “casa” armada con palos y plástico negro. Su marido trabaja en un tabique y apenas les alcanza para cubrir algunas necesidades mínimas.

No tenía donde vivir y gracias a la solidaridad de un vecino que le cedió una fracción de terreno, hoy cuenta con un techo de plástico para pasar la noche. No tiene baño ni cocina, mesas ni sillas y mucho menos una heladera para mantener los alimentos. De todos modos, tampoco cuentan con energía eléctrica, agua, ni siquiera una garrafa. En realidad, no tienen nada.

“Yo hablé con el comisionado municipal (Luis Herrera), me pidió unos papeles y hace dos años nos ha dicho que nos iban a hacer la casa. Mi marido limpió el terreno, hizo más ancho el camino para que pudieran pasar con las cosas, y después cuando voy a preguntarle al comisionado cuando iban a traer los materiales, me dijo que al final la casa no nos había salido” relató Carmen.

¿El motivo? lisa y llanamente ridículo: “Me dijo que supuestamente las viviendas sociales son para la gente que tiene casa rancho y yo tengo un nylon, por eso no nos ha salido” agregó la vecina.

La otra cara

Un caso distinto, pero no menos doloroso, es el de Oscar Acuña, vecino del barrio Las Trincheras de Icaño, a quien sí le entregaron una vivienda social: en realidad una pieza de 10 metros cuadrados con techo de chapa sin cielorraso, baño ni ningún tipo de equipamiento.

Su ranchito aún permanece en su lugar, a unos metros de la “casa”, y es utilizado como depósito y en ocasiones para alojar a familiares que llegan de visita.

“No tenía donde vivir y esta es la casa que me han hecho, es de 3 metros por 3,50. Somos cuatro viviendo aquí, incluyendo un niño de 5 años y la nena de 15. No tiene ni baño, lo estoy haciendo yo afuera como puedo” relató Acuña.

El agua, eterno problema

Icaño se encuentra en una zona rica en recursos hídricos y cuenta con una planta potabilizadora, pero aún así hay cientos de vecinos sin agua de red, que dependen de la lluvia o de los camiones cisterna de la comisión municipal para abastecer sus tanques y aljibes. Así y todo, algunas familias no pueden darse el “lujo” de comprar un tanque o construir un aljibe.

Angel Gómez, otro vecino de Icaño, contó que hace una semana su familia no se puede bañar por falta de agua y describió la odisea por la que tienen que atravesar para conseguir el vital líquido: “Le fuimos a pedir como tres o cuatro veces al intendente, hace cuanto que estamos así. Me dicen que me van a traer mañana, pasado, y nunca llega el camión”.

En cuanto al agua para beber, la comisión municipal los obliga a comprar una vez al mes un rudimentario cartoncito que contiene un calendario impreso y que cuesta $50, con el cual deben ir a retirar, cada dos días, el líquido que les proveen en dos o tres bidones por familia.

Fuente: Vision Santiago

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